¿Cuánto cuesta nuestro futuro?

Por Sara F. Ros

Hace tan sólo dos semanas, un gran número de estudiantes de Segundo de Bachillerato de los institutos de Catalunya realizaban, un año más, la pre-inscripción para las pruebas de acceso a la Universidad, conocidas como PAU o popularmente, Selectividad.

Actualmente, las universidades públicas catalanas cuentan con una gran y diversificada oferta de grados académicos; 45 de ellos englobados en el área de Ciencias de la Salud, repartidos entre las demarcaciones de Barcelona, Girona, Tarragona y Lleida. Según datos presentados por la Secretaria d’Universitats i Recerca de la Generalitat, la mayoría de estudios centrados en el ámbito biomédico obtuvieron, el curso pasado, muchos más solicitantes que plazas ofertadas; un hecho que disparó, un año más, las notas de corte por encima del 11 o incluso del 12 (sobre un máximo de 14).

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Notas de corte de acceso a las universidades públicas catalanas (curso 2016-2017) en la área de Ciencias de la Salud. Fuente propia.

El incremento de la demanda en grados propios de la rama de Ciencias de la Salud ha significado, en los últimos tiempos, un aumento en los precios por crédito cursado; un hecho que, sumado al gran incremento de las tasas universitarias y a la reestructuración de los planes docentes desde la transición al plan Bolonia; hace cada vez más complicado el acceso a la universidad por parte de la ciudadanía. De hecho, según un estudio realizado por el Observatori del Sistema Universitari (OSU), las matrículas catalanas se tratan, actualmente, de las más caras del Estado; las sextas que cuentan con un precio más alto en Europa.

En este sentido, desde el año 2009, el colectivo estudiantil catalán y sus respectivas familias han pasado a sostener casi el 26% de la financiación de las universidades públicas a través de las tasas, en lugar de los recursos públicos ofrecidos anualmente por el Gobierno. De este modo, el sistema universitario catalán se sitúa lejos de modelos universitarios europeos como el austríaco, noruego o belga, donde los alumnos pagan cerca del 5% de la docencia mediante las tasas universitarias. Además, según la OSU, la financiación pública universitaria por parte de la Generalitat se redujo en un 45% entre 2009 y 2012, llegando a ser casi deficitaria. Como respuesta, el pasado diciembre, más de 20 rectores universitarios reclamaban un aumento de 100 millones de euros en el ámbito financianciero universitario. De forma paralela, las plantillas de personal docente e investigador también se han visto afectadas por los recortes en educación, ya que desde 2010 hasta 2015 se ha experimentado una reducción del 23% tan sólo en plantilla docente.

La financiación pública universitaria por parte de la Generalitat se redujo en un 45% entre 2009 y 2012

Asimismo, uno de los argumentos principales que aúna el Gobierno para no reducir las tasas son las conocidas “Becas-Equidad”, un descuento en la matrícula universitaria según el nivel de renta de las familias de los estudiantes que las precisan. Actualmente, sólo el 40% de los estudiantes universitarios catalanes goza de esta disminución económica, excluyendo el 60% de los alumnos que, hoy en día, no cuentan con ninguna compensación en el precio de su matrícula. Aun así, los estudiantes situados en el nivel más bajo de renta y que, por lo tanto, sólo pagan el 50% de las tasas universitarias, siguen abonando, en Catalunya, las séptimas u octavas matrículas más caras del Estado español.

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Los universitarios catalanes pagan las matrículas más caras del Estado español. Fotografía: Sara F. Ros

Las matrículas: ¿quién establece el precio?

Pero, ¿quién es el encargado de fijar los precios de las matrículas cada año? El precio de las matrículas y otros servicios académicos de enseñanza oficiales impartidos en las universidades públicas catalanas se fija, anualmente, mediante un decreto a cargo de la Generalitat de Catalunya (Decreto 268/2016).

En él, se identifican tres modalidades de grados y precios según el coeficiente de estructura docente de la enseñanza, estableciendo así, una clasificación de tres modalidades de grados, ordenados en categoría A, B y C. Según el Decreto de Precios, los créditos de los grados clasificados en la categoría A tienen un precio de 25,27€, mientras que aquéllos recogidos en la categoría B cuestan 35,77€. Finalmente, los créditos grados catalogados en la última lista (C), tienen un precio de 39,53€.

En el caso de los grados vinculados a la rama de las Ciencias de la Salud, encontramos una dispar variedad de clasificaciones, y por lo tanto, de precios: por un lado, los grados de Farmacia, Genética, Logopedia, Microbiología, Nutrición, Podología y Psicología están recogidos en la segunda categoría (B); mientras que Ciencias Biomédicas, Biología Humana, Fisioterapia, Ingeniería Biomédica, Enfermería, Medicina, Odontología, Óptica y optometría y Veterinaria se encuentran aunadas en la clasificación de estudios de coeficiente de estructura docente C.

Por consiguiente, un estudiante de Medicina, Enfermería o Ciencias Biomédicas puede llegar a pagar, cada año en Catalunya, una matrícula de casi 2.500€; contando en el precio final servicios auxiliares y propios de la gestión académica de cada universidad. Asimismo, el incremento de precio en cada grado no ha significado, en los últimos años, una mejora en los servicios educativos y de aprendizaje de las materias ofrecidas en la universidad. Un factor que, sumado a las pocas probabilidades de lograr un empleo de forma casi segura en un futuro, preocupa de forma directa a los actuales estudiantes de la rama de la Salud.

“Es casi habitual escuchar a nuestros profesores comentar la necesidad de estudiar un máster o un doctorado para poder labrarnos un espacio en el terreno laboral médico o de investigación”, comenta resignada Marta, estudiante de Ciencias Biomédicas de la Universidad de Barcelona. “Nos es muy complicado pagar los estudios, y cada día es más difícil poder combinar un trabajo con el grado para abonar el precio de los créditos”, añade mientras asegura que el sistema universitario catalán en el ámbito de ciencias promueve, mediante el precio abusivo de créditos y las pocas plazas de empleo, la competencia entre los mismos alumnos. Por otro lado, Helena, estudiante de Medicina del Campus Clínic de la Universitat de Barcelona, explica que, en ocasiones, los materiales educativos que reciben por parte de los profesores no son los adecuados y la gran afluencia de estudiantes en las salas de prácticas, hechos que considera graves teniendo en cuenta “los altos precios que pagan los alumnos de Medicina durante más de 6 años, sin contar la academia del MIR”.

 

 

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